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DarkYuri

Wulfric

Y  todo oscurecía, nadie sabía en realidad que pasaría esa noche, y sobre todo, que sería de nuestras vidas después de esa noche.

Sujetaba mi espada firmemente, y aunque sabía que si debía morir esa noche, sería el mejor lugar para hacerlo, el miedo seguía dentro de mi cuerpo, por primera vez en cien batallas, sentía miedo. Escuchaba toser a mis compañeros, alguno murmuraba maldiciendo el silencio y otros dos hablaban de como Tyr perdió su brazo derecho ante el lobo Fenrir:

-Dicen que no llora, que él gran dios Tyr nunca se quejó y que nunca se quejaría a pesar de millones de torturas. También se sabe que-un clic rompió la conversación.

Todos nos alzamos un poco para poder ver si había alguien al otro lado de la empalizada de madera que rodeaba nuestro campamento. No parecía moverse nada entra los árboles, entonces hice una señal a Olaf, me miró y lo comprendió a la perfección.

Envainamos nuestras espadas y fuimos hacia el portón, allí Kodran nos detuvo:

-¿A donde vais?

-Vamos a mirar desde la gran montaña, desde allí podremos ver si se acercan o no.

Fuimos a la parte trasera de nuestro campamento, saltamos la valla y sigilosamente subimos unos cuantos metros la montaña e intentamos observar desde lo alto de un árbol, mi corazón se heló. Un tropa de mas de 300 hombres se acercaban,

-Wulfric, ¿Qué es lo que ves, nos superan en número?

-Son mas de lo que esperábamos...no pasaremos de esta noche…

-Pues que las valkirias se preparen para llevar al Valhalla la tripa de tu buen amigo Olaf-dijo Olaf dándose golpecitos en la tripa consiguiendo hacerme reír, aunque ambos sabíamos que la situación era preocupante.

La noticia al resto hizo que su moral se hundiese más.

-Son cuatrocientos contra...¿setenta?, parece una broma de Loki....

-Lo que tenga que suceder, sucederá, han matado a nuestros hijos y violado y asesinado a nuestras mujeres, ya nada importa…-dijo Kodran en un tono de mandato-¿Cuanto rato crees que tardaran en llegar?

-Cuando la luna se despida, nuestras vidas se irán con ella.

 

            Llegó el anochecer y empezamos a escuchar los gritos de aquellos invasores, uno de ellos se acercó a las murallas y comenzó a hablar:

-Si pedís perdón a Dios padre y renegáis de vuestros ídolos, series perdonados y os concederemos el honor de ser bautizados.

Una fuerte risotada sonó en el campamento, hasta yo me reí con mis compañeros.

-Antes prefiero que me orine un ciervo a que usted me moje la cabeza-dijo Kodran con una sonrisa en al cara.

-Entonces, el infierno os espera.

Se escuchó como volvía a subirse a su caballo y a marchaba hacia el grupo, nuestro fin estaba cerca.

Comenzaron el ataque y parece que la fortuna nos sonrió algo, ya que nuestras flechas fueron certeras y un gran grupo de mas de 15 hombres cayeron en nuestras trampas.

Pero comenzaron a empujar el portón con un gran tronco de árbol y no aguantó mucho.

           

            Consiguieron entrar y a pesar de superarnos por muchos hombres, eran gentes escuálidas y mal alimentada, y de un solo movimiento conseguíamos quitarnos a cinco de ellos.

Pero  eran tantos...tantos que nuestros músculos se resentían, y nuestros hombres caían cada vez mas. Solo quedábamos Olaf, Kodran y yo, y otros pocos que resistían en la zona trasera del campamento. Poco a poco nos fueron encerrando en la empalizada trasera del campamento, hasta que recibí un gran golpe en la cabeza y perdí el conocimiento.

Desperté en una tienda, atado a un poste, donde un hombre hacía guardia mientras me miraba fijamente, al despertar me miró desafiante, paso su espada rozando mi cuello, y avisó a gritos a otro hombre. El mismo que había estado antes de comenzar la pelea recomendándonos que nos hiciéramos a su absurda y cruel religión, era un monje.

-Esto te ocurre por no reconocer al Dios verdadero, a tu Señor padre.

-Mi padre era Radbod, un gran soldado y mejor que cualquier dios del que tu me hables-aquel hombre se acercó a mi y me golpeó fuertemente en la cara.

-Me obligas a castigarte....está bien, te enseñaré lo que les pasa a los que no siguen el camino de nuestro Señor Dios padre.

Con un gesto, indicó al soldado que hacía guardia que me desatara del poste, pero seguía atado con las manos atrás, me llevaron a empujones hacia el exterior de la tienda y allí a mi amigo Olaf, en un aparato extraño, con todas sus extremidades atadas a distintas cuerdas que llevaban a unos rodillos, luchaba para quitarse los cordajes. Comprendí lo que era eso, una maquina de tortura. Olaf me miró, y a pesar de que las lágrimas salían de sus ojos, se alegró al verme.

-Querido Wulfric, señor de los lobos, creo que se acercan las valkirias...siento el olor de sus dulces perfumes.

El monje indicó a los hombres que rodeaban la máquina en la que estaba Olaf que comenzaran:

-Debemos limpiar de sus pecados a este hombre.

Todos tiraron con fuerza de los mangos de los rodillos y las cuerdas comenzaron a tirar de las extremidades de Olaf, cada una hacia un lado y poco a poco, separando las de su cuerpo.

Olaf grito de dolor. Yo encolerizaba de furia, mis músculos se ponían en máxima tensión...recordaba los bueno momentos que había pasado con Olaf, desde que éramos niños y estuvimos juntos.

Olaf gritaba como nunca le había oído, hasta que tras un sonido de hueso roto, su boca no volvió a emitir sonido. Mi amigo Olaf había muerto.

-Esto es el fin de los tuyos, y ahora todos están en el infierno, ardiendo entre las llamas y sufriendo el látigo de fuego de Lucifer. Pero tranquilo que pronto te reunirás con ellos.

 

 

           

 

 

            Con la llegada de la noche me dejaron atado al tronco de un árbol que había cerca de la tienda mayor donde descansaba el monje. En mitad del campamento de tiendas de cuero en las que ya las gentes dormían, yo estaba solo, sintiendo el frío en mis brazos, y la muerte mas terrible seguramente sería mi final. Pero no tenía miedo a morir, solo lloraba por la muerte de mis hermanos, solo sentía rabia y la necesidad de vengarme..

Un soldado con una lanza en la mano hacía guardia cerca mía, pero parece que el sueño de noches sin dormir hacían mella en él. Cuando por fin se durmió intenté con el pie llegar a su lanza que torpemente se le había caído al suelo. En el fondo no sabía que haría si al final conseguía la lanza, pero algo se me ocurriría. Estiré la pierna un poco mas y conseguí moverla, aunque solo hice despertar al guardia, ya que la lanza golpeó su escudo y un ruido fuerte retumbó en sus adormilados sentidos.

Mirándome fijamente recobró un poco la normalidad, sabía que si tenía alguna posibilidad para escapar, ya la había agotado. Abatido decidí no luchar mas con mi destino y aceptarlo, yo, Wulfric, “señor de los lobos” vencido. Recordé mi nombre, que mi honrado padre me puso de pequeño.

Era un bebe y mis padres no habían decidido como llamarme, discutían varios pero ninguno parecía gustarles del todo. Entonces, un día en el campamento entró una loba que herida por un mordisco en el costado, parecía estar apunto de morir.

Todos los hombres del campamento se acercaron decididos a matarla, ya que mas de una vez los lobos se habían comido a nuestras ovejas y demás rebaño.

Aprovechando que ella estaba herida, la rodearon y con unos palos comenzaron a golpearlas, y ella gimiendo cayó al suelo lloriqueando. Perdía mucha sangre y sus fuerzas se desvanecían, pero cuando iban a darle el golpe definitivo, yo aparecí gateando entre los pies de aquellos fuertes guerreros, y abrazando a la loba no dejé que la mataran. Mi madre, se acercó y  llevandose a la loba, consiguió curar las heridas, y durante mucho tiempo que la loba siguió acercándose al campamento, y compartiendo mis juegos de infancia.

Desde entonces fui Wulfric, señor de los lobos.

 

            Un sonido rompió la silenciosa noche y mis añorados recuerdos, algo entre los matorrales se movía, el soldado se acercó a investigar, pero al rato volvió sin alejarse mucho de mi presencia. Otra vez, el sonido y el movimiento de los matorrales volvió a escucharse, y el soldado ya algo extrañado avisó a dos soldados más que había en una tienda. Uno de ellos se quedó conmigo y otros dos se acercaron a los matorrales.  Estuvieron un breve tiempo hasta que se escuchó un golpe y varios intentos de espadazos que cortaban el aire, pero entonces un nuevo sonido a hueso roto inundó la noche. El miedo de mi nuevo guardia y el mío era el mismo, pero yo también sentía curiosidad por saber que estaba pasando allí.

El tercer soldado con mas miedo que ganas se acercó a donde habían ido sus compañeros anteriormente. Aunque tardo bastante en volver, su vuelta fue impactante, con un brazo medio arrancado y una gran herida en su cara, se arrastraba como podía perdiendo la vida poco a poco mientras decía:

-Es un monstruo, un terrible monstruo de la noche.

Muerto casi a mis pies el miedo se apoderó de mi como nunca, y durante un largo rato nada se escuchaba en el campamento, ni una respiración, nada.

Pero entonces una respiración fuerte detrás de mi cabeza, movía mis largos cabellos, y algunas gotas de sangre saltaban en mi cara. Intentaba desatarme pero tenía las manos atadas alrededor de aquel tronco y ya solo me quedaba esperar y morir.

Él ser extraño se movió un poco y se puso delante mía, un enorme oso, de mas de dos metros, con unas garras como mi pecho de grande enseñaban unas zarpas largas ya afiladas. Levantó sus zarpas y cuando y esperaba el golpe final, anonadado observé como cortaba las cuerdas, mientras su cuerpo se transformaba en la de un oso.

-Eres libre, Wulfric, rey y señor de los lobos.

-¿Eres un Berserker*?-pregunté aún con miedo,

-Si, mi nombre tanto de oso como de hombre es Tranos, y me ha enviado Orín para que te ayude a vencer a estos invasores. Yo, como tu, también vivía en un campamento que fue aniquilado por estos hombres.

-Pero...¿Como vamos a vencer a ellos? A pesar de tu gran fuerza, solo somos dos contra cientos.

-Recuerda tu nombre amigo...-Y corriendo mientras iba tomando la forma de oso, comenzó a atacar los campamentos. Yo, observando su locura pero sabiendo que nada más me quedaba ya, cogí la espada de soldado muerto y también emprendí el ataque.

 

            Al principio a pesar de ser solo dos, aprovechamos que estaban o dormidos o aturdidos para acabar con el máximo posible, pero unas trompetas sonaron de fondo y todos los soldados salieron de sus tiendas, y en unos momentos nos tenían rodeados, eran mas de cien hombres contra nosotros dos. Y el monje, como siempre en el centro empezó a hablar:

-Un hijo del diablo has traído a nuestro campamento, vil pagano asesino, pero esta vez nada conseguirás...-Dirigiendo a sus hombres-soldados, hijos del Santo Padre, acabar con ellos y limpiar las tierras de las almas impuras.

Comenzaron a cercarnos poco a poco dejándonos cada vez menos espacio.

-Wulfric, haz honor a tu nombre, Odín te otorgó el don de tener poder en los lobos, ahora que necesitamos su ayuda, avísalos.

-Pero si yo no...no sé como hacer eso, es imposible.

-Tu llámalos, dentro de ti, ellos te escucharan-Sin entender del todo lo que me decía, y asustado por la situación, suplique que si me podían escuchar, que vinieran a ayudarnos.

La pugna comenzó y los golpes nos caían sin cesar, rodeados y con tantos hombres, no duraríamos ni mas de unos minutos.

El Berserker atacó con mas furia tras un rugido, pero aún así estábamos destinados a morir. Entonces aparecieron, mas de sesenta lobos y veinte osos que salían de entre los árboles del bosque, y que violentamente se lanzaban encima de los enemigos. Su visión me llenó de fuerzas y comencé a luchar con una increíble valentía, con el espíritu de un lobo.

 

 

 

            Después de una larga batalla, tras un espadas certero cortando la cabeza de uno de ellos, observé que ya no había mas soldados, todos estaban en el suelo muertos o heridos, por fin, habíamos ganado. Tranos me miró desde a otra punta del ahora desolado campamento, y con un gesto se despidió y se metió en el bosque.

Yo me senté en el suelo, para descansar por un momento, a pesar de la victoria, estaba solo en vida. Los lobos me rodeaban y me chupaban las manos, las lágrimas caían por mi rostro. Toda mi familia, mis amigos, mi hijo, todos muertos, y es que, a pesar de haber conseguido la venganza, sentía frio en mi corazón.

Pero un fuerte dolor apareció en mi espalda de improviso, alguien me había clavado una espada, me giré dando un espadas fuerte, y a pesar del dolor, conseguí dañar a mi enemigo traidor, era aquel monje, aquel fanático monje.

-Te veré en el infierno-susurró mientras yo con mis últimas fuerzas le volvía a clavar la espada en el estómago.

Herido en el suelo, a punto de morir, sonreí por que sabía que a pesar de mi muerte, la victoria había sido mía, y ahora las valkirias vendrán a por mi alma, y yo, junto a ODÍN, seré uno de los mas valientes guerreros que nunca nadie haya conocido.

 

“Desde entonces, se dice que los lobos aúllan todas las noches a la luna, recordando como un día, un joven guerrero se atrevió a arriesgar su vida por todo lo que él amó en algún momento, ese guerrero era Wulfric, Señor de los lobos”

En memoria de toda la increible cultura vikinga y de aquel valiente rey Frisio Radbod (de religión Vikinga). Él preguntó a los misioneros cristianos antes de que le bautizaran sobre donde estarían sus familiares muertos que no habían sido bautizados, y al saber que estarían ardiendo en el infierno respondió esto:

“Entonces viviré mejor allí con mis antepasados, antes de ir al cielo con un grupo de mendigos como tú"

 

Kodran

Kodran

Aquella bóveda oscura era la noche, y entre esas estrellas Thor le miraba fijamente vigilante, tenía una misión y debía cumplirla, desde joven me habían enseñado que en la guerra no había miedo, Tyr, gran dios de la guerra nos defendería en la batalla hasta que llegara el Ragnarok, y si la muerte nos visitaba en la batalla, era la mejor muerte que podría tener. Pero aquello era diferente, Freyja, diosa del amor, me había envenenado por aquella joven de tez blanca y pelo moreno que en el suelo arrodillada me pedía clemencia.

-Encárgate de ella Kodran-ordeno Olaf indicando le que la matara.

Sin pensarlo levanté mi gran hacha, la miré fijamente, y no pude matarla, algo dentro de mi me sujetaba las manos…el amor me había vencido, yo, Kodran conocido como Mikli por mi gran altura, había sido vencido por el amor.

Cogí el brazo de la bella mujer y le dije:

-Huye, huye de aquí ve a donde no te puedan hacer daño.

Ella me miró con agradecimiento y se fue corriendo “Nunca mas la volveré a ver” pensé con pena y alegría también, sabía que no podría estar con ella.

Seguimos el saqueo y a pesar de la sangre vertida y las riquezas que obteníamos, en mi cabeza solo podía ver la cara de aquella joven mujer de increíble belleza…Esa noche hacía un frío especialmente helador, y el fuego no era suficiente estufa para un grupo de 20 hombres. Para entrar en calor decidí dar un paseo cerca de donde habíamos acampado, me aleje lo suficiente para poder escuchar el sonido del bosque sin interrupciones de ronquidos grotescos. Me senté en un tronco caído y  miré la oscuridad silenciosa, recordando la cara dulce y el cuerpo hasta que noté un movimiento entre los árboles, me acerqué a investigar y cuando me introduje entre unos matorrales, un fuerte golpe fue propinado sobre mi cabeza. Aunque el golpe me hizo doblar las rodillas, no consiguió dejarme inconsciente. Saqué una daga que escondía en mi costado y sin mirar a mi contrincante le atesté un golpe que con un ágil movimiento esquivó. Mi daga se quedó clavada en el tronco de un árbol, después de un momento de frustración al ver que estaba desarmado, me di la vuelta dispuesto a pelear, pero una fuerte luz me cegó, era ella, con un hermoso traje blanco largo de seda, con las mangas abiertas.

-Saludos guerrero Kodran.

-Eres aquella mujer-dije mientras balbuceaba, incapaz de esconder mi amor.

-Tú me salvaste, valiente guerrero, tú me salvaste aún sabiendo que te podrían matar por dejarme libre, por eso los dioses te han querido dar su agradecimiento. Yo soy un hada de los bosques, y gracias a ti hoy sigo con vida. Por esto te voy a conceder un gran deseo, dime lo que deseas, y te lo daré.

-Deseo…deseo algo que no se si me podrás dar-una lágrima caía de los ojos del guerrero-deseo tu amor, deseo dejar esta guerra y vivir a tu lado, lejos de dioses y de hombres, quiero ver cada amanecer y anochecer a tu lado, quiero estar contigo el resto de mi vida. Quiero…-pero algo interrumpió al guerrero, unas voces venían del campamento.

“¡Nos atacan!, los enemigos nos atacan.”

Giré mi cabeza hacia el campamento y cuando volví a mirar a ella ya no estaba. Mi alma se entristeció tanto que por unos instantes olvidé que nos atacaban, hasta que apareció Svarti con mi hacha.

-¿Qué haces aquí Kodran? toma tu hacha y lucha bravo.

Yo, con lágrimas en los ojos, luché fuerte y valeroso, ella se había marchado, ya nada me importaba, ni la vida ni la muerte tenían importancia para mí.

Luché como un lobo hambriento, movía mi hacha con gran rapidez y todos mis enemigos caían al suelo con la cabeza u otras partes del cuerpo arrancadas, la victoria se acercaba cuando un soldado enemigo de pelo corto moreno me clavó su espada por la espalda y yo, sabiendo que me dirigía al Valhalla, quedé arrodillado hacia delante con el hacha en la mano aún, y aprovechando mi ultimo halo de fuerza, de un hachazo maté a mi asesino.

De repente la oscuridad se hizo a mí alrededor, las figuras de mis compañeros se perdían en una penumbra grisácea tenebrosa, mi vida se había acabado en la tierra, ahora iría al valhalla si los dioses lo veían oportuno. Debía de ser feliz, iba a reencontrarme con amigos y familiares que habían caído antes que yo, pero mi corazón estaba entristecido, quería volver a ver a esa hada, quería amarla entre mis brazos y quererla como nunca quise a nadie. Pero eso era ya imposible, así que aunque entristecido, cerré los ojos y me deje morir sin lucha alguna.

-Un guerrero no debe rendirse-decía una dulce voz que ya conocía. Abrí los ojos y me encontré en una gran pradera verde con flores blancas por el suelo, con mi ropa limpia y sin ningún rastro de sangre u arma y en un lugar bello. Giré mi cabeza y allí estaba ella, mi hada, mi dulce mujer que tanto amaba sin apenas conocerla.

-Soy Dalla, hada de los bosques y contigo ahora viviré, en este cielo de héroes donde ya nada nos separará, he cumplido tu deseo y ahora estaremos juntos.

 

Y así ambos vivimos juntos en el valhalla, donde ya nadie nos separará, hasta que el ragnarok llegue nuestras almas se podrán querer y amar por siempre.

Manifiesto

Manifiesto

Un mundo sin alma, un mundo sin amor, sin sentimiento, las tecnologías nos aportan felicidad, pero también dan el polvo a nuestras almas. Caemos en una espiral de robótica deformada por engaños virtuales. El ser humano muere, cae débilmente por los acantilados sin ninguna salida, donde los carteles nos conducen a una autodestrucción sin más remedio que la muerte.

                Hoy os escribo, este humilde poeta les presenta un mundo lleno de tristeza, pero no por ello negativo, Lo triste es bello, al igual lo alegre puede ser feo. Solo quiero recuperar la belleza hoy tan perdida en este mundo tan cambiante y ecléctico. Recordemos la sublimidad romántica, donde están los versos de corazón como Lord Byron, donde los paisajes de ventisca aguada de Turner…Hoy el ser humano ha perdido la belleza, ha perdido la fe en adorar el amanecer, en besar a la luna en cada noche verano, nos miramos y nos empujamos, no buscamos la sonrisa del vecino ni las palabras agradables de cualquier viandante. Olvidamos la educación, olvidamos los modales en el disco duro de un ordenador, olvidamos la vida en nuestras televisiones.

    Ya nadie lee a Dante, nadie sabe quien era Beatriz. Nadie se acuerda de ese joven Werther y sus penas, y si lo conocen, pasan desapercibidos delante de ellos.

    No me creo un elitista, es mas, reconozco mi ignorancia en casi todo, pero si busco una cultura que ha perdido la sociedad actual, busco un bosque sin contaminación, busco una fuga que llene mi alma, que sublime mi corazón y me haga sentir el regocijo de los pájaros mientras vuelan. Soy un romántico del siglo XXI, que busca la belleza, ama la naturaleza, y reivindica su protagonismo. No hablo de una vuelta a los bosques y la edad media, hablo de una nueva civilización mas cordial con su mundo, que tanto nos ha dado y que nada le damos.

                Reivindicamos una revisión y una reforma cultural y sobretodo artística, pedimos que se valore el arte actual, tan perdido en bazofias mercantiles, que superan lo horrible y lo grotesco. El arte siempre fue en gran parte negocio, pero era ARTE de verdad. Quizá muchos nos tilden de injustos y poco objetivos, pero el arte parece haber muerto, ha muerto como un tiburón  que arranca la cabeza al David de Miguel Ángel. El arte ha fallecido y ha de renacer, basta ya de hacer negocio y de intentar engañar a las gentes con personas que digan que, por su “colosal” categoría, decidan que es arte y que no; una obra es bella solo si el alma lo puede ver. No creamos que si un cartel dice y remarca que un cuadro es bello lo tildemos de bello, miremos nuestro interior, miremos nuestra alma y allí veremos el autentico arte.

    Buscamos la libertad artística, pero dentro de los parámetros de lo llamado arte, el arte real, no discriminamos románticos, clasicistas o vanguardistas, aceptamos todo aquello que haya sido realizado bajo la búsqueda de lo bello, toda obra que inspire belleza y espiritualidad en nuestra alma, que cada vez tenemos mas olvidada.

                Pero no lloremos, aún hay tiempo, la belleza es un hada inmortal que sigue latente en nuestras vidas, solo os pido que busquéis la belleza en vuestro interior, si encontráis esa belleza espiritual en el arte, entenderéis el verdadero arte.

 

 Víctor Yuri de Torres Monroy 6/03/2009

El cuadro

El cuadro

Una vez mas,

Paseo en frente de aquella mujer,

Tan perfecta y tan espléndida,

Que mis manos tiemblan de emoción.

Pero se acabó,

Los días de los heroes

Volaron a bellos cuadros estáticos,

Donde todo pervive pero nada ocurre.

Él sigue prometiendo su valor,

Ella sigue esperando en su torre,

Pero nada ocurre...aunque,

Es tan bella.

Y caigo en profundos delirios,

Intento no mirar mas esas bellas lineas,

Gran trazo de versos prohibido,

Gran poder de alma encendida.

Es tan bella,

Sus manos mármol,

Aunque no son frías,

Sino como el fuego.

Es tan bella,

Con sus labios de pecado,

Y de eterna condena,

Que guarda en la torre.

Noche en vela,

Tanto ella como yo,

Y él sigue sin llegar,

Y ella sigue siendo bella.

Pero sus cabellos son gris ceniza,

Hoy, esta fría noche,

una orquesta de ejercitos atormentados

Suena en su paraje.

Caén los ángeles,

Y ella tiene miedo,

Pierde el sentido de la soledad,

Tantas noches allí encerrada.

Y las valkirias rien,

Y yo miro sin nada que poder hacer,

Y él, el gran guerrero,

Sigue sin llegar.

Y ella llora,

Su cara se ha fracturado,

Se ha llenado de grietas,

Y le recuerdan el tiempo de ayer.

Observo el ancestral cuadro,

Los latidos de mi corazón van mas rápido,

Y ella, que parece mirar desde su terraza,

Se deja caer al vacio.

Rota por la desilusión,

Envejecida por el amor,

Prefiere escapar,

Desaparecer de este lienzo.

Él, que nunca apareció,

Perdió su vida junto a su suerte en la batalla,

Y ahora los dos se han encontrado, 

En la noche de mi bello cuadro.

Por que el amor no tiene vida,

Como una espada invencible.

Se buscaron en la vida

Y se hayaron en la muerte.

A ti

A ti

Pues todo lo pasado,

Se puede encerrar en mi alma,

Y decirme cada mañana:

“ama a esta mujer, es tu vida”

Y aveces sufro,

Y tu sufres, pero el mar es revuelto,

Y aunque parezca extraño

Eso nos hace mas fuertes.

Cargados de ilusiones

Y las manos llenas de sangre,

Sangre blanca de amor,

Sangre de felicidad.

Tu eres todo,

Una mano delgada y fuerte,

La extraña mano que me ayuda

La conocida mano que me ama.

No huyas a pesar de las espadas,

Pues seguiremos alzando nuestro escudo,

Un escudo de fuego y de vida,

Un escudo de tu alma y mis versos.

A través del bosque

A través del bosque

 nunca supe que esto me pasaría a mi, encerrado, olvidado. Quizá aquí me quede para siempre, por lo que, aunque es muy posible que lo que escribo no sea del todo legible, ya que me encuentro en la completa oscuridad, y las cerillas que llevaba en mi abrigo hace mas de una hora, o quizás dos, se apagaron. Es difícil saber cuanto tiempo llevaré aquí encerrado.

Ayer, cuando volvía a mi hogar, tras pasar una agradable velada en casa de mi amigo John Q., en la que, después de hablar de muchas historias que uno y otro hemos pasado en nuestros viajes por el continente nuevo, y de las cosas extrañas que nos ocurrieron decidí irme, Salí de su gran portal de columnas dóricas con un bello frontón cuando ya la luna me miraba fijamente desde la bóveda, nos despedimos con un fuerte abrazo y monté en mi carruaje, donde Nirley me esperaba desde que llegué esa mañana al alba. 

Quedándonos poco camino ya para ver las verjas que rodean el jardín de mi villa, yo llevaba desplegada la cortina de la ventanilla y veía los árboles que se perdían en la oscuridad, una oscuridad muy fuerte, ya que a pesar de la luz de la luna, parecía que su halo evitaba dar en los árboles, como si quisiera mantener en secreto todos los maravillosos seres que en infancia mi querido padre me contaba. Mi mirada seguía fija, perdida entre los gruesos troncos, hasta que mi carruaje, acompañado por los relinchos de los caballos, paró de un fuerte golpe que me estampo contra los asientos delanteros. Recuperado del golpe, abrí la puerta del carruaje y cuando salí, la fría brisa del invierno golpeó mi cara.

-Nirley, ¿que ha ocurrido?-miré fijamente hacia el asiento del conductor pero no había nadie, corrí hacia los lados acercándome a los árboles del lúgubre bosque y grite fuerte el nombre de mi mayordomo, pero nadie contestó. El frío entraba en mi cuerpo y cada vez empezaba a crecer mi miedo, que aumentó cuando note como algo me rozaba mi hombro, me giré rápidamente y un escalofrío como si de una culebra que entrase por mi camisa se tratará, heló mi alma, allí estaba, sentado en el carruaje, Nirley, con las marras en la mano, solo que ahora, aquel buen mayordomo de sonrisa blanca y de raíces negras, le habían cortado la cabellera y la sangre a borbotones caía por su chaqueta azul oscura.

Intentando recuperarme de la terrible imagen, escuché un ruido de maleza que se movía entre los árboles, los cuales comenzaban a perderse en una niebla extraña que cada vez me rodeaba de una manera mas violenta y tenebrosa. 

Temblando de frío y miedo y notando de manera mas frecuente un cuerpo que me rozaba la espalda, decidí correr y huir de ese terrible lugar, adentrándome en el oscuro bosque.

Corrí durante mas de una hora, o quizá mas, golpeándome con ramas que sin avisar aparecían delante mía, golpeándome la cara y las piernas. Después de ese largo rato caótico que pase casi como si de una alucinación fuera, caí tropezando con una raíz que sobresalía del un gran roble, cayendo contra el suelo con un gran golpe. Medio aturdido, me levanté y me sacudí todas las ramas y trozos de hierba y tierra que tenía en la chaqueta.

Alcé la cabeza y observé con gran asombró que ya no me encontraba en la espesura del bosque, sino que, delante de mi, me encontré una de las mas extrañas vistas que nunca he visto. Un gran templo, el cual me acerqué para ver con detenimiento.

Tenía dos pisos, porticado el piso de abajo con unas columnas estriadas con forma de elipse, que decoraban magistralmente las columnas que sustentaban un entablamento con unos relieves que, a pesar de la oscuridad y de lo dañado de estos, se podía observar unos personajes que ciertamente me asustaron. Eran unos seres con cuerpo parecido al humano, pero del que destacaban unas grandes alas que recordaban a las de las águilas reales que volaban en las tierras de la nueva Inglaterra. 

Pero lo mas fascinante -y espeluznante- eran las cabezas, con una –quizá- aleta dorsal que caía desde la frente hasta parte de la nuca recorriendo la cabeza, y sus ojos-aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo- los ojos almendrados con una piedra preciosa roja dentro que cuanto más miraba mas parecía moverse y mirarme fijamente. Estos relieves representaban una escena en la que estos seres de mundo sobrenatural estaban sacrificando a lo que parecía ser un niño humano. 

El piso superior era una gran pared con una gran cúpula encima, pero lo más sorprendente de la pared era que había dos dibujos de los ojos almendrados, pero de un tamaño colosal, que ocupaban toda la pared y que harían temblar al mayor héroe de la antigüedad.

Me decidí a entrar en el templo y la austeridad era su máxima característica, con una arquitectura muy parecida a la de lo antiguos griegos, pero con una profusa decoración de espirales, dibujados en capiteles, y en un gran mosaico que había en el suelo. Y en la pared mas profunda del templo había una gran estatua de uno de esos seres, el cual debía de ser un dios o un rey, con un cetro en la mano que acababa en una piedra preciosa cristalina y trasparente, que quizá por hechizo, quizá por locura, desprendía una luz blanquecina que iluminaba el interior del templo. 

Fascinado por la belleza de aquella piedra, estuvo absorto durante mucho tiempo mirándola fijamente, olvidando la muerte de Nirley, el miedo a su extraño asesinato, la sombras que se movía entre los árboles, y los increíbles seres que aparecían en este templo. Pero algo me despertó de mis subjetivo sueño, un gran estruendo rompió la silenciosa noche, y el suelo comenzó a temblar, un fuerte terremoto que hacía fracturarse las paredes de el extraño templo, y comprendí que la cúpula en cualquier momento se derrumbaría.

Me levanté y salí corriendo del templo, pero recordé la increíble belleza de la piedra preciosa que coronaba el cetro de la escultura, y por una locura mía, entré otra vez en el bello templo que ahora tenía parte de la cúpula fragmentada por el suelo.

A pesar de la dificultad para llegar a la estatua, salté por los bloques de piedra con algo de torpeza y me encontré otra vez ante la colosal estatua, y tras un momento para tomar aire, cogí el cetro de la estatua y tirando fuerte de la piedra conseguí arrancarla. Con ella en la mano y una sensación de alegría en mi alma que nunca más había sentido, me giré y cuando me disponía a abandonar la estancia, escuche un grito que rozaba entre lo animal y lo humano.

Volteé mi cabeza y allí me encontré a la estatua, que ahora, como si de un sueño provocado por aquellos inciensos de la India, me miraba desde la cúpula. La estatua que antes observaba maravillado, ahora había cobrado vida y volaba majestuosamente con sus grandes alas abiertas. 

Mirándome con los ojos rojos yo supe perfectamente que lo que quería era recuperar la piedra preciosa que yo sujetaba en mi mano.  Primero empezó a volar por toda el templo esquivando las piedras que caían, y cuando por un momento lo perdí de vista, apareció a mi derecha rozándome con un ala y soltando ante mi algo que reconocí al momento, la hermosa cabeza de mi querido Nirley. 

Un nuevo chillido que debía de ser una carcajada resonó en todo el templo. Me volvió a rodear planeando y posándose en el capitel de una columna que aún aguantaba a pesar de los movimientos del suelo, volviendo a remontar el vuelo, se lanzó hacia mi con un movimiento de aleteo rápido, pero yo corrí hacía la salida, tropezando con un bloque de piedra que estaba en el suelo de tantos escombros que caían.

Aquél ser se paro delante mía de pie, mientras yo intentaba levantarme. Volvió a clavarme sus ojos rojos en mi, y adelantó una mano pidiendo aquella piedra, pero yo, aunque por miedo se la habría dado, sentía una necesidad interior que no me dejaba deshacerme de ella e hizo que me negase y volviese a retomar mi carrera esquivando las piedras.

El ser me dejó un tiempo de huida hasta que de un rápido vuelvo llegó a la salida, que ahora estaba casi sellada por los escombros que seguían cayendo. Yo, con un gran temor en mi cuerpo, aunque con un deseo de no darle aquella maravillosa piedra, levanté mi mano decidido a entregársela, pero como si el destino me quisiera condenar a esta bella piedra durante toda mi vida, el terremoto bruscamente se hizo mas fuerte y comenzaron a caer mas trozos de sillería y una de ellas aplastó a ese extraño ser que gritaba alocadamente. Yo conseguí salir de aquél templo mientras se iba derruyendo.

El viento golpeaba mi cara, y mientras en una mano guardaba la piedra preciosa que aún brillaba con fuerza, miraba el espectáculo tan extraño que tenía ante mi.

Pasaron varias horas, muchas, pero la tierra dejó de temblar y yo me decidí a volver a mi carruaje y marchar a mi casa. Caminé por el bosque otra vez, pero esta vez sin miedo, solo miraba fijamente mi bella piedra cristalina, que aún brillaba incluso ahora que el sol ya había saludado a las montañas. 

Llegué a mi carruaje unas dos horas después, y allí me encontré a varios policias que al verme corrieron hacia mi.

-Pero…¿qué ha pasado Lord William M.?¿Y quién ha matado a su mayordomo?

Yo les conté toda la historia, pero ninguno me creyó, incluso cuando les enseñé la increble piedra que brillaba siempre, que le robe a ese ser alado de su cetro, todos se miraron con gesto de asquerosidad, incluso uno de ellos vomitó.

Desde entonces me encerraron y me culparon a mi de haber matado al bueno de Nirley, dicen que estoy loco, ¡Yo loco!, si son ellos los que dicen que mi bella piedra preciosa, es en realidad la cabeza de mi buen Nirley, son ellos los locos, yo no estoy loco, pero aquí me tienen, metido en una cámara a oscuras, solo me dejan salir dos horas diarias, que aprovecho para mirar por la ventana. Allí siempre veo a varios de esos extraños seres, observándome fijamente con sus ojos rojos almendrados.

Camino sublimemente extraño

Camino sublimemente extraño

Y a pesar de todos estos caminos,

abiertos ante mi,

una pantalla de luz oscuramente invisible,

me prohibe el paso, es mi alma.

Y tres caminos,

uno es fácil,

otro es rápido,

y otro extraño.

El extraño,

allí donde mi alma encuentre su cáliz

para saciar su curiosidad,

para apaciguar sus miedos.

Miedo y curiosidad,

tan cercanas,

espero preguntar al cuervo,

que nunca respondió.

Y camino en mi sendero

tan sublimemente extraño,

que no quiero terminar de andar,

los árboles oscuros a los lados.

La pantera para a mi lado,

me quito los zapatos,

nos miramos fijamente,

hoy no seré una simple presa.

Esta vez el lobo ganó,

ese lobo que se perdió en mi alma, 

una noche de profundos delirios,

casi inolvidado en puertas de plata.

Plata luna,

y en las manos de aquel niño, 

las espadas no dejan marca,

que camino mas sublimemente extraño.

Pérfidas maldades,

no se cuanto tiempo ha pasado,

pero ahora no me importa

las telarañas en cada rincón de mi alma.

Camino extraño

pero bello, por que siempre te elijo.

“Quizá por que siempre te sorprende”

responde mi luna burlona.

Nadie me preguntó si lo deseaba,

pero nadie me obligo a ello,

es mis pies ahora desnudos,

los que me guían a pesar de los espinos.

Lobo

Lobo

Porque ayer, como hoy, él estuvo mirando
desde aquel firmamento,
puede verlas moverse,
entre los árboles.

Pide a las hadas que se dejen ver,
suplica un beso de ellas,
solo uno,
y poder dormir esta noche.

Pero a quien importa ya
las noches de este guerrero,
frío, aspero, fuerte por fuera,
pero roto, desbalido, y debil por dentro.

Nadie se acuerda ya de él,
de lo que un día sintió,
de su amor por ella,
dulce mujer que tanto envidian las valkirias.

Pero ha anochecido,
y las manos que en tiempos empuñaban una espada,
hoy solo sirven de pañuelo
para un guerrero que ya no es guerrero, es hombre.

Carece de sentido su vida.
“tantas cabezas cortadas,
tanta sangre con la que alimente la tierra,
y ahora, solo, perdido en esta noche,
no puedo conseguir lo único que he querido”

El guerrero sufre,
y aunque su fuerza es doble,
su alma es mitad,
pues el alba se llevo su razón.

Y él guerrero, que ahora llora,
va en busca de una respuesta,
de una caricia que el viento le de,
de un susurro que los árboles le digan.

“Decidme o dioses,
quien a mi me ha condenado,
que fuego eterno me ha escupido mi alba,
que un destino así me ha concedido”

“Dejadme morir,
o vivir sin poder decirle lo que la quiero,
sus ojos de azul mar,
sus labios rojos de amanecer”


El guerrero, perdido en pensamientos,
llego a un bosque oscuro,
donde habitan los elfos,
que con astucia se esconden de sus ojos.

“Elfos de la noche,
mirar mi pesar,
mirar como llora mi mano,
vacía sin alma de fe.”

“Elfos de la noche,
escuchar mis plegarias,
las hadas me siguen,
pero ninguna su boca lleva.”

Aquél guerrero,
caminó durante las horas de la noche,
sin miedo a la nocturnidad del aire,
a los gigantes que duermen entre los árboles.

Cuando el alba comenzaba a asomar,
como el niño que comienza a nacer,
nuestro guerrero vió cara a cara,
al señor de los bosques.

Aquel lobo, acurrucado en un árbol,
con un mordisco en su pata,
miraba aún desafiante,
demostrando su valía a pesar de su inminente muerte.

Y el valiente guerrero,
hoy un simple hombre,
se pudo ver reflejado en aquel lobo,
que aún erguía su cabeza sin temer la muerte.

“Triste y bello amigo,
tu cuerpo herido,
y mi alma dañada,
ojala tu vida puediera salvar”

El asombroso guerrero,
acercó su mano al hocico del lobo,
que ahora con ojos tristes,
lamió su mano.

“Aquí, junto a ti,
bello amigo,
juntos moriremos,
y seremos complices de neustra desdicha”

Arrodillado junto al lobo,
ambos cerraron los ojos,
y una gran luz iluminó el bosque,
el amanecer había llegado.