Wulfric
Y todo oscurecía, nadie sabía en realidad que pasaría esa noche, y sobre todo, que sería de nuestras vidas después de esa noche.
Sujetaba mi espada firmemente, y aunque sabía que si debía morir esa noche, sería el mejor lugar para hacerlo, el miedo seguía dentro de mi cuerpo, por primera vez en cien batallas, sentía miedo. Escuchaba toser a mis compañeros, alguno murmuraba maldiciendo el silencio y otros dos hablaban de como Tyr perdió su brazo derecho ante el lobo Fenrir:
-Dicen que no llora, que él gran dios Tyr nunca se quejó y que nunca se quejaría a pesar de millones de torturas. También se sabe que-un clic rompió la conversación.
Todos nos alzamos un poco para poder ver si había alguien al otro lado de la empalizada de madera que rodeaba nuestro campamento. No parecía moverse nada entra los árboles, entonces hice una señal a Olaf, me miró y lo comprendió a la perfección.
Envainamos nuestras espadas y fuimos hacia el portón, allí Kodran nos detuvo:
-¿A donde vais?
-Vamos a mirar desde la gran montaña, desde allí podremos ver si se acercan o no.
Fuimos a la parte trasera de nuestro campamento, saltamos la valla y sigilosamente subimos unos cuantos metros la montaña e intentamos observar desde lo alto de un árbol, mi corazón se heló. Un tropa de mas de 300 hombres se acercaban,
-Wulfric, ¿Qué es lo que ves, nos superan en número?
-Son mas de lo que esperábamos...no pasaremos de esta noche…
-Pues que las valkirias se preparen para llevar al Valhalla la tripa de tu buen amigo Olaf-dijo Olaf dándose golpecitos en la tripa consiguiendo hacerme reír, aunque ambos sabíamos que la situación era preocupante.
La noticia al resto hizo que su moral se hundiese más.
-Son cuatrocientos contra...¿setenta?, parece una broma de Loki....
-Lo que tenga que suceder, sucederá, han matado a nuestros hijos y violado y asesinado a nuestras mujeres, ya nada importa…-dijo Kodran en un tono de mandato-¿Cuanto rato crees que tardaran en llegar?
-Cuando la luna se despida, nuestras vidas se irán con ella.
Llegó el anochecer y empezamos a escuchar los gritos de aquellos invasores, uno de ellos se acercó a las murallas y comenzó a hablar:
-Si pedís perdón a Dios padre y renegáis de vuestros ídolos, series perdonados y os concederemos el honor de ser bautizados.
Una fuerte risotada sonó en el campamento, hasta yo me reí con mis compañeros.
-Antes prefiero que me orine un ciervo a que usted me moje la cabeza-dijo Kodran con una sonrisa en al cara.
-Entonces, el infierno os espera.
Se escuchó como volvía a subirse a su caballo y a marchaba hacia el grupo, nuestro fin estaba cerca.
Comenzaron el ataque y parece que la fortuna nos sonrió algo, ya que nuestras flechas fueron certeras y un gran grupo de mas de 15 hombres cayeron en nuestras trampas.
Pero comenzaron a empujar el portón con un gran tronco de árbol y no aguantó mucho.
Consiguieron entrar y a pesar de superarnos por muchos hombres, eran gentes escuálidas y mal alimentada, y de un solo movimiento conseguíamos quitarnos a cinco de ellos.
Pero eran tantos...tantos que nuestros músculos se resentían, y nuestros hombres caían cada vez mas. Solo quedábamos Olaf, Kodran y yo, y otros pocos que resistían en la zona trasera del campamento. Poco a poco nos fueron encerrando en la empalizada trasera del campamento, hasta que recibí un gran golpe en la cabeza y perdí el conocimiento.
Desperté en una tienda, atado a un poste, donde un hombre hacía guardia mientras me miraba fijamente, al despertar me miró desafiante, paso su espada rozando mi cuello, y avisó a gritos a otro hombre. El mismo que había estado antes de comenzar la pelea recomendándonos que nos hiciéramos a su absurda y cruel religión, era un monje.
-Esto te ocurre por no reconocer al Dios verdadero, a tu Señor padre.
-Mi padre era Radbod, un gran soldado y mejor que cualquier dios del que tu me hables-aquel hombre se acercó a mi y me golpeó fuertemente en la cara.
-Me obligas a castigarte....está bien, te enseñaré lo que les pasa a los que no siguen el camino de nuestro Señor Dios padre.
Con un gesto, indicó al soldado que hacía guardia que me desatara del poste, pero seguía atado con las manos atrás, me llevaron a empujones hacia el exterior de la tienda y allí a mi amigo Olaf, en un aparato extraño, con todas sus extremidades atadas a distintas cuerdas que llevaban a unos rodillos, luchaba para quitarse los cordajes. Comprendí lo que era eso, una maquina de tortura. Olaf me miró, y a pesar de que las lágrimas salían de sus ojos, se alegró al verme.
-Querido Wulfric, señor de los lobos, creo que se acercan las valkirias...siento el olor de sus dulces perfumes.
El monje indicó a los hombres que rodeaban la máquina en la que estaba Olaf que comenzaran:
-Debemos limpiar de sus pecados a este hombre.
Todos tiraron con fuerza de los mangos de los rodillos y las cuerdas comenzaron a tirar de las extremidades de Olaf, cada una hacia un lado y poco a poco, separando las de su cuerpo.
Olaf grito de dolor. Yo encolerizaba de furia, mis músculos se ponían en máxima tensión...recordaba los bueno momentos que había pasado con Olaf, desde que éramos niños y estuvimos juntos.
Olaf gritaba como nunca le había oído, hasta que tras un sonido de hueso roto, su boca no volvió a emitir sonido. Mi amigo Olaf había muerto.
-Esto es el fin de los tuyos, y ahora todos están en el infierno, ardiendo entre las llamas y sufriendo el látigo de fuego de Lucifer. Pero tranquilo que pronto te reunirás con ellos.
Con la llegada de la noche me dejaron atado al tronco de un árbol que había cerca de la tienda mayor donde descansaba el monje. En mitad del campamento de tiendas de cuero en las que ya las gentes dormían, yo estaba solo, sintiendo el frío en mis brazos, y la muerte mas terrible seguramente sería mi final. Pero no tenía miedo a morir, solo lloraba por la muerte de mis hermanos, solo sentía rabia y la necesidad de vengarme..
Un soldado con una lanza en la mano hacía guardia cerca mía, pero parece que el sueño de noches sin dormir hacían mella en él. Cuando por fin se durmió intenté con el pie llegar a su lanza que torpemente se le había caído al suelo. En el fondo no sabía que haría si al final conseguía la lanza, pero algo se me ocurriría. Estiré la pierna un poco mas y conseguí moverla, aunque solo hice despertar al guardia, ya que la lanza golpeó su escudo y un ruido fuerte retumbó en sus adormilados sentidos.
Mirándome fijamente recobró un poco la normalidad, sabía que si tenía alguna posibilidad para escapar, ya la había agotado. Abatido decidí no luchar mas con mi destino y aceptarlo, yo, Wulfric, “señor de los lobos” vencido. Recordé mi nombre, que mi honrado padre me puso de pequeño.
Era un bebe y mis padres no habían decidido como llamarme, discutían varios pero ninguno parecía gustarles del todo. Entonces, un día en el campamento entró una loba que herida por un mordisco en el costado, parecía estar apunto de morir.
Todos los hombres del campamento se acercaron decididos a matarla, ya que mas de una vez los lobos se habían comido a nuestras ovejas y demás rebaño.
Aprovechando que ella estaba herida, la rodearon y con unos palos comenzaron a golpearlas, y ella gimiendo cayó al suelo lloriqueando. Perdía mucha sangre y sus fuerzas se desvanecían, pero cuando iban a darle el golpe definitivo, yo aparecí gateando entre los pies de aquellos fuertes guerreros, y abrazando a la loba no dejé que la mataran. Mi madre, se acercó y llevandose a la loba, consiguió curar las heridas, y durante mucho tiempo que la loba siguió acercándose al campamento, y compartiendo mis juegos de infancia.
Desde entonces fui Wulfric, señor de los lobos.
Un sonido rompió la silenciosa noche y mis añorados recuerdos, algo entre los matorrales se movía, el soldado se acercó a investigar, pero al rato volvió sin alejarse mucho de mi presencia. Otra vez, el sonido y el movimiento de los matorrales volvió a escucharse, y el soldado ya algo extrañado avisó a dos soldados más que había en una tienda. Uno de ellos se quedó conmigo y otros dos se acercaron a los matorrales. Estuvieron un breve tiempo hasta que se escuchó un golpe y varios intentos de espadazos que cortaban el aire, pero entonces un nuevo sonido a hueso roto inundó la noche. El miedo de mi nuevo guardia y el mío era el mismo, pero yo también sentía curiosidad por saber que estaba pasando allí.
El tercer soldado con mas miedo que ganas se acercó a donde habían ido sus compañeros anteriormente. Aunque tardo bastante en volver, su vuelta fue impactante, con un brazo medio arrancado y una gran herida en su cara, se arrastraba como podía perdiendo la vida poco a poco mientras decía:
-Es un monstruo, un terrible monstruo de la noche.
Muerto casi a mis pies el miedo se apoderó de mi como nunca, y durante un largo rato nada se escuchaba en el campamento, ni una respiración, nada.
Pero entonces una respiración fuerte detrás de mi cabeza, movía mis largos cabellos, y algunas gotas de sangre saltaban en mi cara. Intentaba desatarme pero tenía las manos atadas alrededor de aquel tronco y ya solo me quedaba esperar y morir.
Él ser extraño se movió un poco y se puso delante mía, un enorme oso, de mas de dos metros, con unas garras como mi pecho de grande enseñaban unas zarpas largas ya afiladas. Levantó sus zarpas y cuando y esperaba el golpe final, anonadado observé como cortaba las cuerdas, mientras su cuerpo se transformaba en la de un oso.
-Eres libre, Wulfric, rey y señor de los lobos.
-¿Eres un Berserker*?-pregunté aún con miedo,
-Si, mi nombre tanto de oso como de hombre es Tranos, y me ha enviado Orín para que te ayude a vencer a estos invasores. Yo, como tu, también vivía en un campamento que fue aniquilado por estos hombres.
-Pero...¿Como vamos a vencer a ellos? A pesar de tu gran fuerza, solo somos dos contra cientos.
-Recuerda tu nombre amigo...-Y corriendo mientras iba tomando la forma de oso, comenzó a atacar los campamentos. Yo, observando su locura pero sabiendo que nada más me quedaba ya, cogí la espada de soldado muerto y también emprendí el ataque.
Al principio a pesar de ser solo dos, aprovechamos que estaban o dormidos o aturdidos para acabar con el máximo posible, pero unas trompetas sonaron de fondo y todos los soldados salieron de sus tiendas, y en unos momentos nos tenían rodeados, eran mas de cien hombres contra nosotros dos. Y el monje, como siempre en el centro empezó a hablar:
-Un hijo del diablo has traído a nuestro campamento, vil pagano asesino, pero esta vez nada conseguirás...-Dirigiendo a sus hombres-soldados, hijos del Santo Padre, acabar con ellos y limpiar las tierras de las almas impuras.
Comenzaron a cercarnos poco a poco dejándonos cada vez menos espacio.
-Wulfric, haz honor a tu nombre, Odín te otorgó el don de tener poder en los lobos, ahora que necesitamos su ayuda, avísalos.
-Pero si yo no...no sé como hacer eso, es imposible.
-Tu llámalos, dentro de ti, ellos te escucharan-Sin entender del todo lo que me decía, y asustado por la situación, suplique que si me podían escuchar, que vinieran a ayudarnos.
La pugna comenzó y los golpes nos caían sin cesar, rodeados y con tantos hombres, no duraríamos ni mas de unos minutos.
El Berserker atacó con mas furia tras un rugido, pero aún así estábamos destinados a morir. Entonces aparecieron, mas de sesenta lobos y veinte osos que salían de entre los árboles del bosque, y que violentamente se lanzaban encima de los enemigos. Su visión me llenó de fuerzas y comencé a luchar con una increíble valentía, con el espíritu de un lobo.
Después de una larga batalla, tras un espadas certero cortando la cabeza de uno de ellos, observé que ya no había mas soldados, todos estaban en el suelo muertos o heridos, por fin, habíamos ganado. Tranos me miró desde a otra punta del ahora desolado campamento, y con un gesto se despidió y se metió en el bosque.
Yo me senté en el suelo, para descansar por un momento, a pesar de la victoria, estaba solo en vida. Los lobos me rodeaban y me chupaban las manos, las lágrimas caían por mi rostro. Toda mi familia, mis amigos, mi hijo, todos muertos, y es que, a pesar de haber conseguido la venganza, sentía frio en mi corazón.
Pero un fuerte dolor apareció en mi espalda de improviso, alguien me había clavado una espada, me giré dando un espadas fuerte, y a pesar del dolor, conseguí dañar a mi enemigo traidor, era aquel monje, aquel fanático monje.
-Te veré en el infierno-susurró mientras yo con mis últimas fuerzas le volvía a clavar la espada en el estómago.
Herido en el suelo, a punto de morir, sonreí por que sabía que a pesar de mi muerte, la victoria había sido mía, y ahora las valkirias vendrán a por mi alma, y yo, junto a ODÍN, seré uno de los mas valientes guerreros que nunca nadie haya conocido.
“Desde entonces, se dice que los lobos aúllan todas las noches a la luna, recordando como un día, un joven guerrero se atrevió a arriesgar su vida por todo lo que él amó en algún momento, ese guerrero era Wulfric, Señor de los lobos”
En memoria de toda la increible cultura vikinga y de aquel valiente rey Frisio Radbod (de religión Vikinga). Él preguntó a los misioneros cristianos antes de que le bautizaran sobre donde estarían sus familiares muertos que no habían sido bautizados, y al saber que estarían ardiendo en el infierno respondió esto:
“Entonces viviré mejor allí con mis antepasados, antes de ir al cielo con un grupo de mendigos como tú"
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