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DarkYuri

A través del bosque

A través del bosque

 nunca supe que esto me pasaría a mi, encerrado, olvidado. Quizá aquí me quede para siempre, por lo que, aunque es muy posible que lo que escribo no sea del todo legible, ya que me encuentro en la completa oscuridad, y las cerillas que llevaba en mi abrigo hace mas de una hora, o quizás dos, se apagaron. Es difícil saber cuanto tiempo llevaré aquí encerrado.

Ayer, cuando volvía a mi hogar, tras pasar una agradable velada en casa de mi amigo John Q., en la que, después de hablar de muchas historias que uno y otro hemos pasado en nuestros viajes por el continente nuevo, y de las cosas extrañas que nos ocurrieron decidí irme, Salí de su gran portal de columnas dóricas con un bello frontón cuando ya la luna me miraba fijamente desde la bóveda, nos despedimos con un fuerte abrazo y monté en mi carruaje, donde Nirley me esperaba desde que llegué esa mañana al alba. 

Quedándonos poco camino ya para ver las verjas que rodean el jardín de mi villa, yo llevaba desplegada la cortina de la ventanilla y veía los árboles que se perdían en la oscuridad, una oscuridad muy fuerte, ya que a pesar de la luz de la luna, parecía que su halo evitaba dar en los árboles, como si quisiera mantener en secreto todos los maravillosos seres que en infancia mi querido padre me contaba. Mi mirada seguía fija, perdida entre los gruesos troncos, hasta que mi carruaje, acompañado por los relinchos de los caballos, paró de un fuerte golpe que me estampo contra los asientos delanteros. Recuperado del golpe, abrí la puerta del carruaje y cuando salí, la fría brisa del invierno golpeó mi cara.

-Nirley, ¿que ha ocurrido?-miré fijamente hacia el asiento del conductor pero no había nadie, corrí hacia los lados acercándome a los árboles del lúgubre bosque y grite fuerte el nombre de mi mayordomo, pero nadie contestó. El frío entraba en mi cuerpo y cada vez empezaba a crecer mi miedo, que aumentó cuando note como algo me rozaba mi hombro, me giré rápidamente y un escalofrío como si de una culebra que entrase por mi camisa se tratará, heló mi alma, allí estaba, sentado en el carruaje, Nirley, con las marras en la mano, solo que ahora, aquel buen mayordomo de sonrisa blanca y de raíces negras, le habían cortado la cabellera y la sangre a borbotones caía por su chaqueta azul oscura.

Intentando recuperarme de la terrible imagen, escuché un ruido de maleza que se movía entre los árboles, los cuales comenzaban a perderse en una niebla extraña que cada vez me rodeaba de una manera mas violenta y tenebrosa. 

Temblando de frío y miedo y notando de manera mas frecuente un cuerpo que me rozaba la espalda, decidí correr y huir de ese terrible lugar, adentrándome en el oscuro bosque.

Corrí durante mas de una hora, o quizá mas, golpeándome con ramas que sin avisar aparecían delante mía, golpeándome la cara y las piernas. Después de ese largo rato caótico que pase casi como si de una alucinación fuera, caí tropezando con una raíz que sobresalía del un gran roble, cayendo contra el suelo con un gran golpe. Medio aturdido, me levanté y me sacudí todas las ramas y trozos de hierba y tierra que tenía en la chaqueta.

Alcé la cabeza y observé con gran asombró que ya no me encontraba en la espesura del bosque, sino que, delante de mi, me encontré una de las mas extrañas vistas que nunca he visto. Un gran templo, el cual me acerqué para ver con detenimiento.

Tenía dos pisos, porticado el piso de abajo con unas columnas estriadas con forma de elipse, que decoraban magistralmente las columnas que sustentaban un entablamento con unos relieves que, a pesar de la oscuridad y de lo dañado de estos, se podía observar unos personajes que ciertamente me asustaron. Eran unos seres con cuerpo parecido al humano, pero del que destacaban unas grandes alas que recordaban a las de las águilas reales que volaban en las tierras de la nueva Inglaterra. 

Pero lo mas fascinante -y espeluznante- eran las cabezas, con una –quizá- aleta dorsal que caía desde la frente hasta parte de la nuca recorriendo la cabeza, y sus ojos-aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo- los ojos almendrados con una piedra preciosa roja dentro que cuanto más miraba mas parecía moverse y mirarme fijamente. Estos relieves representaban una escena en la que estos seres de mundo sobrenatural estaban sacrificando a lo que parecía ser un niño humano. 

El piso superior era una gran pared con una gran cúpula encima, pero lo más sorprendente de la pared era que había dos dibujos de los ojos almendrados, pero de un tamaño colosal, que ocupaban toda la pared y que harían temblar al mayor héroe de la antigüedad.

Me decidí a entrar en el templo y la austeridad era su máxima característica, con una arquitectura muy parecida a la de lo antiguos griegos, pero con una profusa decoración de espirales, dibujados en capiteles, y en un gran mosaico que había en el suelo. Y en la pared mas profunda del templo había una gran estatua de uno de esos seres, el cual debía de ser un dios o un rey, con un cetro en la mano que acababa en una piedra preciosa cristalina y trasparente, que quizá por hechizo, quizá por locura, desprendía una luz blanquecina que iluminaba el interior del templo. 

Fascinado por la belleza de aquella piedra, estuvo absorto durante mucho tiempo mirándola fijamente, olvidando la muerte de Nirley, el miedo a su extraño asesinato, la sombras que se movía entre los árboles, y los increíbles seres que aparecían en este templo. Pero algo me despertó de mis subjetivo sueño, un gran estruendo rompió la silenciosa noche, y el suelo comenzó a temblar, un fuerte terremoto que hacía fracturarse las paredes de el extraño templo, y comprendí que la cúpula en cualquier momento se derrumbaría.

Me levanté y salí corriendo del templo, pero recordé la increíble belleza de la piedra preciosa que coronaba el cetro de la escultura, y por una locura mía, entré otra vez en el bello templo que ahora tenía parte de la cúpula fragmentada por el suelo.

A pesar de la dificultad para llegar a la estatua, salté por los bloques de piedra con algo de torpeza y me encontré otra vez ante la colosal estatua, y tras un momento para tomar aire, cogí el cetro de la estatua y tirando fuerte de la piedra conseguí arrancarla. Con ella en la mano y una sensación de alegría en mi alma que nunca más había sentido, me giré y cuando me disponía a abandonar la estancia, escuche un grito que rozaba entre lo animal y lo humano.

Volteé mi cabeza y allí me encontré a la estatua, que ahora, como si de un sueño provocado por aquellos inciensos de la India, me miraba desde la cúpula. La estatua que antes observaba maravillado, ahora había cobrado vida y volaba majestuosamente con sus grandes alas abiertas. 

Mirándome con los ojos rojos yo supe perfectamente que lo que quería era recuperar la piedra preciosa que yo sujetaba en mi mano.  Primero empezó a volar por toda el templo esquivando las piedras que caían, y cuando por un momento lo perdí de vista, apareció a mi derecha rozándome con un ala y soltando ante mi algo que reconocí al momento, la hermosa cabeza de mi querido Nirley. 

Un nuevo chillido que debía de ser una carcajada resonó en todo el templo. Me volvió a rodear planeando y posándose en el capitel de una columna que aún aguantaba a pesar de los movimientos del suelo, volviendo a remontar el vuelo, se lanzó hacia mi con un movimiento de aleteo rápido, pero yo corrí hacía la salida, tropezando con un bloque de piedra que estaba en el suelo de tantos escombros que caían.

Aquél ser se paro delante mía de pie, mientras yo intentaba levantarme. Volvió a clavarme sus ojos rojos en mi, y adelantó una mano pidiendo aquella piedra, pero yo, aunque por miedo se la habría dado, sentía una necesidad interior que no me dejaba deshacerme de ella e hizo que me negase y volviese a retomar mi carrera esquivando las piedras.

El ser me dejó un tiempo de huida hasta que de un rápido vuelvo llegó a la salida, que ahora estaba casi sellada por los escombros que seguían cayendo. Yo, con un gran temor en mi cuerpo, aunque con un deseo de no darle aquella maravillosa piedra, levanté mi mano decidido a entregársela, pero como si el destino me quisiera condenar a esta bella piedra durante toda mi vida, el terremoto bruscamente se hizo mas fuerte y comenzaron a caer mas trozos de sillería y una de ellas aplastó a ese extraño ser que gritaba alocadamente. Yo conseguí salir de aquél templo mientras se iba derruyendo.

El viento golpeaba mi cara, y mientras en una mano guardaba la piedra preciosa que aún brillaba con fuerza, miraba el espectáculo tan extraño que tenía ante mi.

Pasaron varias horas, muchas, pero la tierra dejó de temblar y yo me decidí a volver a mi carruaje y marchar a mi casa. Caminé por el bosque otra vez, pero esta vez sin miedo, solo miraba fijamente mi bella piedra cristalina, que aún brillaba incluso ahora que el sol ya había saludado a las montañas. 

Llegué a mi carruaje unas dos horas después, y allí me encontré a varios policias que al verme corrieron hacia mi.

-Pero…¿qué ha pasado Lord William M.?¿Y quién ha matado a su mayordomo?

Yo les conté toda la historia, pero ninguno me creyó, incluso cuando les enseñé la increble piedra que brillaba siempre, que le robe a ese ser alado de su cetro, todos se miraron con gesto de asquerosidad, incluso uno de ellos vomitó.

Desde entonces me encerraron y me culparon a mi de haber matado al bueno de Nirley, dicen que estoy loco, ¡Yo loco!, si son ellos los que dicen que mi bella piedra preciosa, es en realidad la cabeza de mi buen Nirley, son ellos los locos, yo no estoy loco, pero aquí me tienen, metido en una cámara a oscuras, solo me dejan salir dos horas diarias, que aprovecho para mirar por la ventana. Allí siempre veo a varios de esos extraños seres, observándome fijamente con sus ojos rojos almendrados.

1 comentario

pAuLiii* -

Desde qe nos conocimos siiiempre me has pasado tus poemas xa qe los leyese y les diera mi visto bueno pero sabes de sobra qe no necesitas el visto bueno de nadie xa saber qe tus poemas son buenos.
ERES EL MEJOR!!!!!