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Hamlet

Hamlet

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Y la luz de Hamlet se ocultó,

"Ser o no ser",

decía mientras recordaba a su padre,

su alma se enfrió,

y las noches de Dinamarca,

una Dinarma negra,

que susurra el asesinato

y el crimen de los indeseables,

busca un bufón.

Bufón de rey,

o rey bufón,

es sucia su acción,

es sucia su vida,

veneno en nuestras sangres....

veneno en la bebida.

Gaza/27-12-2008

Gaza/27-12-2008

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Almas de espanto,

Lloran perdidas en fuego,

Otra día mas la guerra,

Otra vez la religión.

 

Tú también llorabas,

No hace tanto,

Aún lo sientes en tu alma,

Esa alma que ahora escupes en mi país.

 

Venid os dije,

Compartamos la tierra.

Respondisteis con hacha y espada,

Respondisteis con alambre y espinas.

 

Se quema la cruz,

Se quema la luna,

Y los niños lloran,

Aun no saben de religión.

 

Deberían conocer alma y alegría,

Deberían reír en las calles.

Pero hoy corren esquivando las bombas,

300 muertos y 900 heridos.

 

Dios y Ala juegan a las cartas,

Ya ninguno ve su religión en nuestros ojos,

Llenos de dolor y sufrimiento.

 

Bendecidas quedan hoy estas frías fiestas.

Improvisación...

Improvisación...

Esas caricias,

Tan profundas.

Derramando lazos de luz,

Derramando espadas en espiga.

 

Caer los cielos

Y perder…

Siempre es perder.

 

Que más da si todo vuelve,

Yo habré volado lejos,

Lejos de sus labios,

Que me engañaron.

 

Cartas rotas,

Esterillas de abanicos,

Que anuncian mi adiós,

Anuncias mi frío destino.

 

Careces de pensamiento.

Careces de luz y de cielos.

Solo tienes espadas ardientes.

 

Déjame morir,

De tu vida quiero morir.

Quiero olvidar esas espadas,

Que tanto me hicieron llorar.

 

Derrocho amaneceres,

Desperdicio anocheceres,

Ahora es ella y yo,

Carro y camino.

 

Y yo camino,

Siempre seré camino,

Porque me queda mucho…

Mucho que ver.

 

Pero las libres corren,

Corren en sus espigas doradas,

Espigas de caminos y recuerdos,

De lienzos y cuerpos.

 

Calma,

Otra vez calma.

 

Y nada pasa,

Y fundo mi mano en la piedra.

 

Y todo se levanta,

El polvo en mi cara.

 

Y mi mano es roca,

Y mi alma,

¿Qué es mi alma?

Si tú te vas.

 

Te necesito roca fría,

Te necesito polvo oscuro,

Te necesito espada.

 

Quiero seguir fundiendo el sueño

Quiero seguir sintiendo la roca.

Corre liebre corre en tu espiga dorada,

Que llega la calma, y todo cambia.

 

Elizabeth

Elizabeth

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Cerámica fina,

Así era Elizabeth,

Silencio de belleza.

 

Elizabeth rizaba las nubes,

Solo sus ojos asustaban al cuervo,

Solo sus labios borraban el camino lúgubre.

 

Risa callada,

Como su voz,

Que tanto me decía.

 

Cada pregunta volvía a mi corazón,

Nada en ella era fugaz,

Solo el tiempo que compartimos.

 

Y aún está conmigo,

Pero su ausencia roba mi alma,

Solo unas horas de frió.

 

Me hace sentir miedo,

Quizá un cuervo me visite,

Quizá un ánima me maldice.

 

Pero mañana la abrazaré,

Y las manos temblarán,

Otra vez, las manos silbarán.

 

Ese halo que la envuelve,

Que ilumina mi noche helada,

Que arropa mi hada dañada.

 

Esa hada que llora,

Que envidia a Elizabeth,

¡Oh bella Elizabeth!

 

Enamorado me tienes,

A tus pies te espero,

Mientras limpio tu suelo.

 

Caes esperanza,

Sabes cual es tu labranza,

Castigado a perder, es nuestro sino.

 

Sino olvidado,

Sin risueño camino,

Solo palabras y firmas.

 

 

Sino extraviado,

La luna la escondió,

Solo ella sabe como usarlo.

 

Oh, Elizabeth,

La luna me robo el alma,

El que yo con ahínco te guardaba,

 

Oh Elizabeth,

A ella subo a buscar, y morir,

Si la vida es tan fugaz.

 

Pero tú me llamas,

Pero yo no te escuché,

Perdido en mi alma.

 

Oh Elizabeth,

Dame tu mano y tu espada,

Déjame tu valor en mi batalla.

 

Oh Elizabeth,

La luna me robo tu regalo,

Sus ojos yo cegaré.

 

 

Sucios despojos

Sucios despojos

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Sucios despojos,

Restos de esperanzas,

Mirabais desde arriba,

Y ahora el dinero os ha empujado.

 

Perdido ocaso,

Estúpidos ácaros,

Sois la podredumbre

De una sociedad en declive.

 

Caes eternamente,

Con la opción de levantarte,

De ver que hay arriba,

En lo alto del pozo.            

 

Pero prefieres caer,

Olvidar lo hecho,

Acomodarte,

Y esperar al golpe.

 

No te concierne

Tu vida está en ese caer eterno,

Las láminas de fuego te rodean,

Pero tu no las miras.

 

Para ti no existe nada,

Solo tu ombligo negro,

Lleno de odio, rencor,

Avaricia llena poder.

 

Y terminas de caer,

Y si, lo has conseguido,

Eres el cadáver más poderoso,

Tus billetes tapan los esqueletos de los demás.

 

Pero escucha,

Es el sonido que corta el viento,

Otro cuerpo cae,

Uno más poderoso que tu calavera tapará.

Para mi hermana

Para mi hermana

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Las espadas alzan esta noche,

Ella, su alma,

Sangra profundamente,

Sin paz ni final, quizá infinito.

 

Ella no ve salida,

Ella no escucha nada más.

Solo el recuerdo habla en su cabeza

Solo las azucaradas palabras resuenan…

 

Carcomida la almohada,

Sientes frío con cuatro mantas,

Es su fuego el que falta,

Es como bosques sin hadas.

 

Caes y levantas,

Y ves más luz en la cueva,

Ves algo que da esperanza,

Pero la serpiente el pie aprieta.

 

Con la cara en el suelo,

Lloras y pides su voz.

No puedes gritar más,

Tu garganta se seca en la espada.

 

Hoy levanta,

¡Princesa en cueva encerrada!

Levanta esta noche,

Camina hacia el día.

 

Llega el amanecer,

Llega el amanecer de tu alma,

Pronto vuelve,

Aunque recaiga pero volverá.

 

Y tú serás la reina,

Tú sonreirás y no habrá espadas,

Ten fe porque a los bosques,

Con la luz vuelven las hadas.

La carta

La carta

Y sumergido en profundos delirios estridentes, miro el reloj dorado que guardo en mi levita negra, es tarde y parece que ni el mismo Cuervo vaya  a entrar en mi casa. Solo yo, mis poemas, que vuelan alrededor, y mi pipa de la que fumo mientras, apoyado en la mano, busco la palabra justa para terminar su poema:

 

“Dulce como la niñez,

Era la más bella.

Blanca era su tez,

                                                    Blanca como una estrella.         

 

Pierdo mi vida pensando,

Buscando unas palabras

Que pueda yo decir a ella,

Para compararla con las hadas.”

 

Poema incompleto, decrepito de verso, insulto de Homero. No puedo creer que su voz de azúcar siga en mi cabeza, cuando solo una vez la oí, cuando solo una palabra dijo en mi presencia “gracias”. ¡Oh!, pero a Zeus pongo por testigo, que me lance un rayo del divino Olimpo si me equivoco, que ha sido la palabra que de manera mas bella nadie dijo. Pero de belleza mas sabe su cara, fina de gestos, grácil en mofletes, almendrados ojos de azul intenso, con esos labios que parecen trazados por el artista de la Grecia clásica Apeles, con un rojo que levanta mi pasión mas feroz.

¡Hechizo de cordura triste en mi noche!, no puedo recordar mas ojos que los suyos y no puedo imaginar mas labios que los suyos…No entiendo que ocurre pero a ella necesito, a ella buscaré ahora mismo, mas la muerte encuentre si no consigo su amor en mi alma.

(cloc, cloc) Pero, un momento, han llamado a mi puerta, es ella, que viene a buscar mi amor, rápido la abro.

Pero desdichado destino, no es ella, es una carta que oscurece mi alma:

“Querido Edgar, su bella prometida ha caído en triste destino esta noche, su piel se emblanquece mas de lo naturalmente sano, y sus fuerzas se esfuman con el humo del incienso, ella ruega que usted venga a verla”

Rápido salgo de mi hogar, buscando su olor en el aire para llegar  a su regazo, para animar su alma que poco a poco se desvanece “¡Corre, corre!” le digo al conductor de mi carro, las vistas de esos árboles que ocultan la poca luz que ofrece la luna llenan de oscuridad mi ya entristecida alma.

Llego a su lado y ella está ya durmiendo, relajada en su cama, y yo, que no quiero despertarla, me acomodo en una silla, donde, como por acto de musa que me sopla de ideas mi cabeza, escribo en mi pequeña libreta las palabras que a ella le dedico.

 

Amor es lo que siento,

Amor a sus ojos a sus labios,

Amor me susurra el viento,

Amor en su alma sus manos.

 

Y ella esta noche ya duerme, y yo, sentado a su lado mirándola fijamente, guardo mi libreta y con mi abre cartas en mano, me decido a dormir con ella, dormir en su regazo para siempre, descansando a su lado, recostado junto a ella, hasta que me despierte…

 

El pozo

El pozo

Las lágrimas brotaban de mis tristes pupilas, mientras perdido en la oscuridad, buscaba la puerta para volver a mi querido jardín, ese florido jardín del que emanaban tantos olores que me suscitaban felicidad en mi oscura alma del cual un tropiezo me había echo llegar aquí.

Ahora solo oía el grito de la muchedumbre pidiendo auxilio de algo que nos usurpaba la vida en esa tenebrosa oscuridad. Notaba en mis pies desnudos el gélido tacto de la sangre de aquellos que fueron mis amigos, mientras yo buscaba la salida a la libertad para volver a mi jardín eterno, que durante tanto tiempo cuidé.

Por fin encontré una pared, y decidí seguir pegado a ella hasta que encontrase una salida. Seguí caminando durante más de diez minutos mientras esquivaba los cuerpos muertos, hasta que por fin conseguí llegar a la puerta, la abrí y una luz cegó mis ojos verdes. Pasaron unos instantes hasta que conseguí distinguir lo que había delante mía, un gran desierto claro y seco, que presagiaba mas dolor. Cuatro hombres más salieron de la habitación oscura, que era mucho más pequeño de lo que dentro parecía. Algunos tenían marcas de haber peleado con las extrañas criaturas que había en aquel temeroso lugar, e incluso a uno le faltaba el brazo, de cuyo hueco ahora salía sangre a borbotones.

Comenzamos a caminar, con los gritos de dolor del resto de las personas que aún seguían dentro de la habitación, sin decirnos nada ninguno al otro, ya que parecíamos todos enemigos.

Ahora el tacto de nuestros pies con el suelo era totalmente diferente al de la habitación, el calor reflejado en la arena quemaba de una forma inaguantable para un ser humano normal, dos de los hombres empezaron a gritar y cayeron al suelo del dolor, y justo en cuanto cayeron al suelo, unos tentáculos salieron del suelo y se los llevaron al interior de la arena. Entonces comprendimos que no debíamos caer al suelo. Seguimos caminando, con un fuerte olor a piel quemada (nuestra propia piel) pero ya no sentíamos dolor.

Continuamos caminando sin rumbo hasta que por fin, divisamos un gran lago y una montaña. Al ver el lago, tuvimos una gran sensación de sed, comenzamos a correr hacía el lago como si se fuera a ir. Corríamos mientras las lágrimas caían por nuestras sienes debidas al recobrado dolor en nuestros pies. Parecía que el lago y la montaña se alejaban cada vez mas hasta que comprendí lo que pasaba, frené de golpe y decidí esperar a observar lo evidente. El hombre siguió corriendo mientras gritaba:

-Ven a mi, no huyas-Y de repente el hombre tropezó, cayó al suelo y los monstruos se lo comieron.”Ingenuo”pensé mientras seguí caminando ignorando ese espejismo.

Pasaron unas horas y continué caminando, pensando cuando acabaría toda esa pesadilla.

Entonces vi una pared y una gran escalera que llevaba más allá de los cielos. Me dirigí a ella, pero no muy seguro pensando que era otro espejismo.

Pero no, era real subí la escalera mientras la pared se iba convirtiendo en un cilindro que me rodeaba, hasta que llegué a la salida de un pozo, y cuando salí, vi un gran jardín, mi jardín, lleno de colores, olores, y dulce vida.

Cogí una gran tapadera de piedra y cerré el pozo, ¡Estaba seco!