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DarkYuri

Nunca te olvidaré

Nunca te olvidaré

sentado, la oscuridad invadé la estancia,
me falta, y aún no se ha ido.
Estúpidos años, estúpido tiempo,
el dolor siempre tiene que venir,
llevarse lo que quieres y destrozarte el corazón,
pedazo a pedazo.
Estúpido tiempo

a ti

a ti

El cielo, se rompe, se abre.

Las águilas vuelan,

llevando trozos y trozos de corazón,

mis versos se desquebrajan.

 

Enciendo la estufa y no hay calor,

no hay fuego…

siento tu miedo y tu pena…

seré la espada que necesitas forjar.

 

El cielo, se rompe, se abre.

Todo huele a jazmín,

libertad subiendo,

a pesar del viento.

 

Nubes, lloran,

siento el dolor de la mirada,

tu bella mirada que se ha apagado,

tus labios se humedecen

 

“Carezco de la magia,

quizá no escriba sino ensucie,

va por tu alma libre,

que mis palabras se lleven tus llantos”

 

 

Va por ti P.

La posada de sueño

La posada de sueño

El frío acosaba su cuerpo que parecía encogerse dentro de sus ropajes, sus pantalones de cuero, botas altas de y gruesas de lana, el abrigo negro de seda que le envolvía desde los píes hasta e cuello, la camisa de lana y el sombrero ancho que le tapaba de la nieve.

Huía, huía de sus recuerdos, de un pasado de llanto, guerra y dolor, huía de todo lo que nunca podría escapar, de la añoranza de sentir a ella, bella mujer que ya nunca abrazará. y escuchando a esa voz que le maldijo, a él y su destino.

Perdido en sus pensamientos, medio dormido encima de su fiel corcel negro, grande y fuerte, aunque ya algo mayor que esta noche fría se resentía de las heridas sufridas en batallas que ya nadie recuerda, seguían caminando buscando lo que nunca parecía ser encontrado. Después de muchos días perdido en bosques oscuros, donde las voces del miedo taladran siempre el subconsciente, sentían que todo era en vano.

Pero esa noche era especial, algo raro oscurecía mas todo el paraje, y una niebla triste y melancólica hacía que el temor a todo, floreciera en cada silbido desconocido y respiración que él mismo emitía.

“Algo extraño sucede”, pensó él, “espero pronto encontrar un sitio donde alojarme esta noche”. Algo rozó su hombro y le hizo despertar de su estado de semi noctambulismo, y agudizó sus sentidos, algo le estaba vigilando y por una vez, como si toda su gloría guerrera se esfumara en un instante. “Quizá debería apremiar el paso”, decidió mientras espoleaba  a su caballo obligándolo a correr rápido durante un tiempo indeterminado pero que para ambos parecieron siglos.

La carrera se hizo larga, y continuamente el guerrero de gloria perdida sentía como le rozaban el cuello y los brazos, tanto que casi se cae del caballo, y mientras la niebla se hacía cada vez mas densa, algo volaba cerca de él.

De repente, la niebla desapareció, y la paz volvió, justo cuando vió un pueblo, cerca, donde muy pocos hogares quedaban en pie, solo una vieja iglesia de pequeño tamaño y unas pocas casas con humo saliendo de sus chimeneas y el resto de casas derruidas y empobrecidas por el paso del tiempo.

“Este lugar será mi cobijo esta noche”

Encontró en el pequeño pueblo un lugar llamado “la posada del sueño”, y decidió pedir una cama:

-Buenas noches posadero, busco una cama donde pasar la noche.

El posadero era feo y grotesco, ojos negros como la noche y larga melena blanca, que casi se fundía con el color de la cara.

-Arriba tiene una habitación para usted, mi buen…-espero una respuesta con el nombre, pero mientras se quitaba el sombrero, el guerrero contestó:

-Solo soy un caminante…

-De acuerdo caminante…disculpe un momento y ya le acompaño-el posadero se acercó a un gran reloj que había en una de las paredes de la posada, junto a las pocas y sucias mesas que parecían que nunca se habían usado-Este reloj se para siempre el día de hoy todos los años a las once de la noche.

Acompañándole a la habitación, el caminante pagó en ese momento el precio de la habitación y se tumbó en la cama sin ni siquiera desvestirse, estaba cansado y solo quería dormir. Dejó su vieja espada debajo de la cama y decidió dormir.

Dormido o no, algo apareció en su cuarto, una sombra que con una garra grande y de largas uñas les cogía del cuello y le levantaba.

El caminante, asustado, luchaba por deshacerse de la fuerte opresión del cuello, pero era un esfuerzo inútil que le hacía respirar peor. La terrible sombra se alargó mas y cuando parecía que iba a perder el conocimiento, el guerrero fue lanzado contra un pequeño armario  que había en una esquina de la habitación, dándose en la cabeza con la esquina del armario.

Como pudo se levantó sangrando por el golpe, pero hábilmente cogió su espada de debajo de la cama y ataco a la sombra, dudando mucho de que esto fuera a causarle algún dolor. La estocada fue rápida y ágil, pero desconcertándole, la sombra desapareció, y ya nada ocurría en el cuarto.

Aturdido decidió investigar fuera de la habitación, pero para su sorpresa la puerta estaba cerrada con el dentro.

Decidió tirar la puerta abajo cuando algo le distrajo, un movimiento rápido por su espalda. Con la espada en mano asesto un fuerte golpe mientras se giraba, buscando la extraña sombra que antes le golpeó.

El movimiento fue rápido, mortal para cualquier ser, pero para sorpresa suya, no había nadie, nada se movía en su espalda. Solo encontró algo que le extrañó, una mariposa estaba apoyada en el filo de su espada, y curioseando con sus antenas parecía reírse del sudor y el pavor que parecía pasar el extraño morador.

Comenzando a desesperarse, movió bruscamente la espada y la mariposa desapareció tal como apareció, sin avisar y sin que se pudiera percibir por ningún mortal.

Cogiendo algo de carrerilla, corrió hacía la puerta y la golpeó con el costado.

El golpe fue muy fuerte, y el dolor del hombro parecía crecer al ver que seguía dentro de la habitación, encerrado, él y su locura, eso creía él. “Locura pasajera, eso me ocurre, no hay sombras ni mariposas que ríen, solo mi sueño y mis pesadillas, que ya hasta despierto me castigan.”

Intentando convencerse a si mismo, se sentó en la cama y tiro la espada al suelo:

-Solo locura pasajera, solo eso-se repetía a si mismo continuamente-solo locura pasajera, solo eso…

-Shh-chistó otra voz.

-¿Quién habla?-dij nervioso volviéndose a levantar y mirando a cada lado-ese leve silbido…no-se sentó- es una locura pasajera, mañana estaré mejor.

La paz volvió durante unos instantes, y él volviéndose a sentar en el borde de la cama, miró su espada que estaba en el suelo mientras repitió:

-Solo locura pasajera, solo eso.

-¡Calla!, te ordenó que te calles.-dijo la voz invisible-calla una vez más. Tu no tienes derecho a hablar.

-Solo locura pasajera ¡nada mas!-gritaba el caminante con la espada en la mano otra vez, asustado y sin creerse sus propias palabras- solo locura pasajera.

-¡Calla! tu voz me molesta, quiero silenció. Tú me estás despertando de mis bellos sueños, de mi dulce lecho, tú me estás importunando.

-¡Solo mi locura, solo mi locura, solo es mi locura!-gritaba desesperado y dándo vueltas dando espadazos al aire golpeando los pocos muebles y  a la cama. Se detuvo, y la voz infernal no volvió a sonar-lo sabía-dijo sonriente-era una locura breve y pasajera.

Tumbándose en la cama deshilachada, ya mas tranquilo, se acurrucó con la intención de dormir.

Pasó una hora, o quizás unos minutos, y cuando ya parecía estar casi dormido, algo se posó en su nariz, abrió los ojos y observó asombrado la mariposa que antes se posó en su espada. Intentó quitársela de la nariz, pero como pegada a él por una maldición ya perdida, no conseguía desprendérsela de la cara, y de tanto tirar, le arrancó las alas a la mariposa. Y entonces, la voz invisible e infernal, habló:

-Tú, que me robas el sueño y despojas de alas a quien es libre y grácil, tú, debes morir.

Y justo cuando sonó las doce en el reloj del piso inferior de la posada, su propia espada,  llevada por la sombra que antes le había atacado, le asestó un golpe en el pecho.

Y él, aquel caminante que tantos versos por su gloría se hicieron, que por su valor y su fuerza fue recordado durante décadas, moría solo, una noche en la vieja posada del sueño.

Ladera

Ladera

Hoy, frío.

caigo en las laderas,

resbalando tus augurios,

recordando mi presente.

 

Adiós esperanzas,

es él día,

todo acaba,

fundiéndose en mi retina.

 

Calidas preguntas,

espera a terminar

de recorrer el camino,

allí en tu alma

 

La oscuridad de la noche,

me empuja a buscarte.

La oscuridad de la noche,

me avisa de tu alma.

 

Silencio del amanecer,

escucho tus manos.

Silencio del amanecer

me enfureces con tu don.

 

Entre los árboles,

te haces desaparecer,

tus caderas rompen,

los días en la ladera.

Y yo, camino solo,

un atardecer aparece,

arrancando la sonrisa,

del sol matinal.

 

Cargar las espadas,

que aparece mi luz,

oscura, triste,

pero luz al fin y al cabo.

 

Empujo tus piedras a los vientos,

y pierdo y me aplastan,

y mientras en mis últimos suspiros,

la aurora boreal me habla de ti.

y…

Hoy, frío.

 

 

 

Capitán

Capitán

Mira, desnudo,
Abatido el amanecer,
El sol no quiere asomar
El este es frío…

 

Callan,
Unos por respeto,
Otros por que no pueden,
Sus vidas se fueron con las estrellas.

 

Y ahora todos,
Los que pueden caminar,
Buscan a su amigo,
Su hijo, su hermano.

 

Dos gritos de alegría,
Tres millones de lágrimas.
Y yo con sus lágrimas,
Navego en mi barco.

 

Y sus olas,
Malas, perversas,
Llenas de fuego,
Me zarandean,
Me llevan a un lado.

 

Pero ahora,
Calma, la tormenta pasó,
Yo espero,
Con una mano agarrada al timón.

 

Y firme aguanto, pero…
¡Tan solitario eres destino!
Tengo frío,
Y el sol espolea mi cabellera.

 

Tengo roto el pecho,
Pero no hay sangre,
Solo hay lágrimas en mi cara
Solo sangre transparente de amor.

 

-¿Llora capitán?
Pregunta un joven ingrato
Un capitán no llora,
-Es el sol de cara, patán.

 

Y sigo firme,
Pero escucha,
“sigue mi camino,
Ven hacia mi.”
Rápido fui,
¡Oh cruel destino!
Guerras y armas,
Y ahora esto.

 

Su pelo rizado,
Ojos azules robados del mar,
Ella era mi ángel,
Bello ser que nunca creí ser real.

 

Mis sueños,
Turbados por su rostro,
Ahora lo veo claro,
Ella me llamaba sin tregua.

 

Perdida en su isla,
Sin conocerme,
Sin conocerla,
Nos amábamos.

 

Dulce ninfa de mar,
Tu rostro nace de la espuma,
Tus manos son delicadas,
Y tu voz, cristal húmedo que amar.

 

Y la guerra,
Poco importa,
Ya no existe ideal o patria,
Existe mar y amor.

 

Bella sirena mediterránea,
Tus ojos son dos océanos,
Tu pecho duna de playa,
Y tú alma, grande, dulce y etérea.

 

Y la batalla,
Se olvidó ya,
Ya no oigo cañones y pólvora,
Solo te quieros y besos.

 

¡Oh dulce mar!

Lluvia

Lluvia

Las calles se llenan de un humo extraño,

Las mismas manos que ellos llevan, se funden,

Como si fueran parte de la acera

Como si todos pertenecieran a todos.

 

Los días se pierden en recuerdos,

Esas calles, rotas y desordenadas,

Perdidas en historias de ángeles caídos,

Por que todos somos ángeles caídos.

 

Y un día, ella caminó por estas hermosas calles,

Buscando las farolas que iluminen su vida,

Buscando aquel parque donde ella soñó con él,

Un espíritu extraño que vaga sin pensar.

 

Las plazas se abren,

En láminas de cristal pisadas por círculos perfectos,

Tan perfectos que las nubes se llenan de envidia,

Y lloran sus fríos sentimientos a sus cabezas.

 

Este atardecer,

Llorando su despido,

No olvida a esa bella princesa,

Que camina entre las farolas.

 

Este atardecer,

El sol se despide entre las nubes despitadas,

Y las sombras que provocan los árboles,

Le recuerdan la bella figura de su princesa.

 

Rota ya la noche,

El viento esculpe sus susurros,

Y él la llora en su vida triste,

Y ella lo mira en su eterna muerte.

La sonrisa

La sonrisa

 

No siempre las palabras ayudan,

Eso pensó la princesa de sonrisa alegre

Aquel atardecer en el que el sol se llevo su sonrisa.

Caricias rotas caricias olvidadas…

 

Pero ella sigue firme,

Sabe que volverá,

Buscando un destino,

Y la sonrisa será suya una vez más,

Será la princesa de la sonrisa eterna.

 

Estúpido atardecer…

Siempre robando los deseos,

Siempre cortando sus manos,

Siempre fugándose de sus ojos.

 

Pero esta noche,

Entre lo árboles, a la rivera del río,

Una sombra se mueve,

ágil y rápida.

 

Ella siente miedo,

Pero también curiosidad,

“es un hombre”

susurra con sinuosidad.

 

Aquel extraño,

Caminaba solo, en la noche,

Y mientras las lágrimas caían de sus ojos,

Recordaba el nombre del amor que nunca vió.

 

“Mentiroso el viento,

nunca me dijo su nombre,

nunca me hablo de sus manos,

solo me dejo una caja y un secreto ahogado.”

 

Ella escondida,

Miraba extrañada,

El la descubrió,

Asombrado estaba.

 

“Bella dama,

largos caminos he recorrido,

recitando los poemas del tiempo.

Buscando un destino”

 

“Bella dama,

mucho he perdido,

pero un día el viento me dio una caja,

que a nadie nunca he entregado”

 

“Pues querida dama,

solo a la mujer que iguale en belleza al jardín,

en la mas florida primavera,

será la que reciba la caja y su regalo.”

 

La princesa abrió la caja,

Donde encontró el mas bello regalo,

No era ni una flor, ni un hada,

Era la sonrisa, que ella tanto buscaba.

 

Y desde aquel día en la rivera del río,

Se ve el mas bello amanecer,

En recuerdo del amor que ya perdido,

Recita el viento hasta el anochecer.

 

 

 

 

Ven conmigo

Ven conmigo

Quizá unos días más y todo olvidado,

A veces el viento se lleva los mejores sueños.

Pero se que será difícil no volver a sentir

Sus gráciles ramas en mi vientre.

 

Caricias de rosas negras,

Púpilas que se dilatan viendo su amanecer.

Grito a ese bello paraje,

Que no conozco, pero que en mi alma siento.

 

Me pierde este mundo,

Tan oscuro y roto,

Tan lleno de nada que vacía el vacio,

Tan falto de vida como yo de aire.

 

Y busco caminar por aquel puente,

Recordar lo que nunca aprendí,

Y olvidar lo que siempre escuche,

Palabras, palabras.

 

Esa mujer, bella, sincera.

Aparece en mi corazón un tiempo,

Vuela,  fluye con la sangre,

Y se dispersa por mi cuerpo.

 

Parece que no está,

Pero sigue dentro de mi,

Buscando el océano,

Y yo subo a la montaña

Beso el árbol,

Que aunque es viejo y honesto,

Sus fuerzas siguen vigentes,

Abrazando mi alma.

 

Los niño corren alrededor,

Cantan canciones paganas

De dioses inmortales,

Escritos en algún templo.

 

El lobo aúlla,

Cae la noche y la luna nos mira triste,

Trae oscuros presagios,

“Sombras malignas por el este”

 

El miedo de los niños

Les hace volver a esconderse

Entre los pétalos de flores de la ilusión,

Y mi viejo árbol se seca.

 

Su honestidad y recuerdo muere,

Y mi alma llora la candida llegada de la muerte,

“mil veces maldigo a la sombra oscura,

que trae la tristeza a mi hermano”

 

“Allí, detrás de la colina”

dice la luna dándose la vuelta.

“Es horrible, todo destruye a su paso,

nadie sabe sus nombres, solo matan”

Caído en el suelo,

Sin fuerzas y llorando,

Les veo correr hacía mi,

Decididos a mi muerte.

 

Ellos son la sombra del libro abierto,

La cara que se oculta de la montaña,

La mano que se esconde tras el guante,

El fin de los interminables.

 

Y yo, espada en boca y verso en mano,

Recuero a los bosques su esplendor,

Sin olvidar a ella y su belleza,

“ven conmigo esta última noche”

 

“Ven conmigo si aún me amas”