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DarkYuri

Kodran

Kodran

Aquella bóveda oscura era la noche, y entre esas estrellas Thor le miraba fijamente vigilante, tenía una misión y debía cumplirla, desde joven me habían enseñado que en la guerra no había miedo, Tyr, gran dios de la guerra nos defendería en la batalla hasta que llegara el Ragnarok, y si la muerte nos visitaba en la batalla, era la mejor muerte que podría tener. Pero aquello era diferente, Freyja, diosa del amor, me había envenenado por aquella joven de tez blanca y pelo moreno que en el suelo arrodillada me pedía clemencia.

-Encárgate de ella Kodran-ordeno Olaf indicando le que la matara.

Sin pensarlo levanté mi gran hacha, la miré fijamente, y no pude matarla, algo dentro de mi me sujetaba las manos…el amor me había vencido, yo, Kodran conocido como Mikli por mi gran altura, había sido vencido por el amor.

Cogí el brazo de la bella mujer y le dije:

-Huye, huye de aquí ve a donde no te puedan hacer daño.

Ella me miró con agradecimiento y se fue corriendo “Nunca mas la volveré a ver” pensé con pena y alegría también, sabía que no podría estar con ella.

Seguimos el saqueo y a pesar de la sangre vertida y las riquezas que obteníamos, en mi cabeza solo podía ver la cara de aquella joven mujer de increíble belleza…Esa noche hacía un frío especialmente helador, y el fuego no era suficiente estufa para un grupo de 20 hombres. Para entrar en calor decidí dar un paseo cerca de donde habíamos acampado, me aleje lo suficiente para poder escuchar el sonido del bosque sin interrupciones de ronquidos grotescos. Me senté en un tronco caído y  miré la oscuridad silenciosa, recordando la cara dulce y el cuerpo hasta que noté un movimiento entre los árboles, me acerqué a investigar y cuando me introduje entre unos matorrales, un fuerte golpe fue propinado sobre mi cabeza. Aunque el golpe me hizo doblar las rodillas, no consiguió dejarme inconsciente. Saqué una daga que escondía en mi costado y sin mirar a mi contrincante le atesté un golpe que con un ágil movimiento esquivó. Mi daga se quedó clavada en el tronco de un árbol, después de un momento de frustración al ver que estaba desarmado, me di la vuelta dispuesto a pelear, pero una fuerte luz me cegó, era ella, con un hermoso traje blanco largo de seda, con las mangas abiertas.

-Saludos guerrero Kodran.

-Eres aquella mujer-dije mientras balbuceaba, incapaz de esconder mi amor.

-Tú me salvaste, valiente guerrero, tú me salvaste aún sabiendo que te podrían matar por dejarme libre, por eso los dioses te han querido dar su agradecimiento. Yo soy un hada de los bosques, y gracias a ti hoy sigo con vida. Por esto te voy a conceder un gran deseo, dime lo que deseas, y te lo daré.

-Deseo…deseo algo que no se si me podrás dar-una lágrima caía de los ojos del guerrero-deseo tu amor, deseo dejar esta guerra y vivir a tu lado, lejos de dioses y de hombres, quiero ver cada amanecer y anochecer a tu lado, quiero estar contigo el resto de mi vida. Quiero…-pero algo interrumpió al guerrero, unas voces venían del campamento.

“¡Nos atacan!, los enemigos nos atacan.”

Giré mi cabeza hacia el campamento y cuando volví a mirar a ella ya no estaba. Mi alma se entristeció tanto que por unos instantes olvidé que nos atacaban, hasta que apareció Svarti con mi hacha.

-¿Qué haces aquí Kodran? toma tu hacha y lucha bravo.

Yo, con lágrimas en los ojos, luché fuerte y valeroso, ella se había marchado, ya nada me importaba, ni la vida ni la muerte tenían importancia para mí.

Luché como un lobo hambriento, movía mi hacha con gran rapidez y todos mis enemigos caían al suelo con la cabeza u otras partes del cuerpo arrancadas, la victoria se acercaba cuando un soldado enemigo de pelo corto moreno me clavó su espada por la espalda y yo, sabiendo que me dirigía al Valhalla, quedé arrodillado hacia delante con el hacha en la mano aún, y aprovechando mi ultimo halo de fuerza, de un hachazo maté a mi asesino.

De repente la oscuridad se hizo a mí alrededor, las figuras de mis compañeros se perdían en una penumbra grisácea tenebrosa, mi vida se había acabado en la tierra, ahora iría al valhalla si los dioses lo veían oportuno. Debía de ser feliz, iba a reencontrarme con amigos y familiares que habían caído antes que yo, pero mi corazón estaba entristecido, quería volver a ver a esa hada, quería amarla entre mis brazos y quererla como nunca quise a nadie. Pero eso era ya imposible, así que aunque entristecido, cerré los ojos y me deje morir sin lucha alguna.

-Un guerrero no debe rendirse-decía una dulce voz que ya conocía. Abrí los ojos y me encontré en una gran pradera verde con flores blancas por el suelo, con mi ropa limpia y sin ningún rastro de sangre u arma y en un lugar bello. Giré mi cabeza y allí estaba ella, mi hada, mi dulce mujer que tanto amaba sin apenas conocerla.

-Soy Dalla, hada de los bosques y contigo ahora viviré, en este cielo de héroes donde ya nada nos separará, he cumplido tu deseo y ahora estaremos juntos.

 

Y así ambos vivimos juntos en el valhalla, donde ya nadie nos separará, hasta que el ragnarok llegue nuestras almas se podrán querer y amar por siempre.

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