El pozo
Las lágrimas brotaban de mis tristes pupilas, mientras perdido en la oscuridad, buscaba la puerta para volver a mi querido jardín, ese florido jardín del que emanaban tantos olores que me suscitaban felicidad en mi oscura alma del cual un tropiezo me había echo llegar aquí.
Ahora solo oía el grito de la muchedumbre pidiendo auxilio de algo que nos usurpaba la vida en esa tenebrosa oscuridad. Notaba en mis pies desnudos el gélido tacto de la sangre de aquellos que fueron mis amigos, mientras yo buscaba la salida a la libertad para volver a mi jardín eterno, que durante tanto tiempo cuidé.
Por fin encontré una pared, y decidí seguir pegado a ella hasta que encontrase una salida. Seguí caminando durante más de diez minutos mientras esquivaba los cuerpos muertos, hasta que por fin conseguí llegar a la puerta, la abrí y una luz cegó mis ojos verdes. Pasaron unos instantes hasta que conseguí distinguir lo que había delante mía, un gran desierto claro y seco, que presagiaba mas dolor. Cuatro hombres más salieron de la habitación oscura, que era mucho más pequeño de lo que dentro parecía. Algunos tenían marcas de haber peleado con las extrañas criaturas que había en aquel temeroso lugar, e incluso a uno le faltaba el brazo, de cuyo hueco ahora salía sangre a borbotones.
Comenzamos a caminar, con los gritos de dolor del resto de las personas que aún seguían dentro de la habitación, sin decirnos nada ninguno al otro, ya que parecíamos todos enemigos.
Ahora el tacto de nuestros pies con el suelo era totalmente diferente al de la habitación, el calor reflejado en la arena quemaba de una forma inaguantable para un ser humano normal, dos de los hombres empezaron a gritar y cayeron al suelo del dolor, y justo en cuanto cayeron al suelo, unos tentáculos salieron del suelo y se los llevaron al interior de la arena. Entonces comprendimos que no debíamos caer al suelo. Seguimos caminando, con un fuerte olor a piel quemada (nuestra propia piel) pero ya no sentíamos dolor.
Continuamos caminando sin rumbo hasta que por fin, divisamos un gran lago y una montaña. Al ver el lago, tuvimos una gran sensación de sed, comenzamos a correr hacía el lago como si se fuera a ir. Corríamos mientras las lágrimas caían por nuestras sienes debidas al recobrado dolor en nuestros pies. Parecía que el lago y la montaña se alejaban cada vez mas hasta que comprendí lo que pasaba, frené de golpe y decidí esperar a observar lo evidente. El hombre siguió corriendo mientras gritaba:
-Ven a mi, no huyas-Y de repente el hombre tropezó, cayó al suelo y los monstruos se lo comieron.”Ingenuo”pensé mientras seguí caminando ignorando ese espejismo.
Pasaron unas horas y continué caminando, pensando cuando acabaría toda esa pesadilla.
Entonces vi una pared y una gran escalera que llevaba más allá de los cielos. Me dirigí a ella, pero no muy seguro pensando que era otro espejismo.
Pero no, era real subí la escalera mientras la pared se iba convirtiendo en un cilindro que me rodeaba, hasta que llegué a la salida de un pozo, y cuando salí, vi un gran jardín, mi jardín, lleno de colores, olores, y dulce vida.
Cogí una gran tapadera de piedra y cerré el pozo, ¡Estaba seco!
1 comentario
Ana -
ajaja